lunes, 18 de septiembre de 2017

La Duda "Hiperbólica".

René Descartes (1596 – 1650)

Duda Metódica (O Hiperbólica)

Método seguido por Descartes para la comprobación de la verdad de sus creencias y el descubrimiento de una verdad absolutamente indudable.

      Los rasgos básicos de la duda metódica propuesta por Descartes son los siguientes:
1. Es metódica: con ello se quiere decir que no hay que confundirla con las dudas del escepticismo como movimiento filosófico. En su época había en Francia escépticos que creían imposible el conocimiento; sin embargo Descartes emplea la duda precisamente para superar este escepticismo y tiene como objetivo encontrar una proposición que resista absolutamente cualquier duda imaginable.
2. Es universal:  pone en cuestión absolutamente todos los conocimientos, tanto los de sentido común y los basados en la percepción como los que tienen su origen en la investigación científica, incluida la propia matemática. El único tipo de creencias que no cuestiona expresamente es el relativo a las verdades religiosas: cuestiona la legitimidad de los sentidos y de la razón pero no trata explícitamente de la legitimidad de la fe y la revelación.
3. Es hiperbólica o exagerada: con ello se quiere decir que es radical. Descartes no nos dice sólo que tenemos que dudar de aquello que, tras un examen o comprobación, veamos que es falso; esta es una recomendación de sentido común y un requisito mínimo del ejercicio de la razón. Su propuesta es mucho más radical: tenemos que dudar de aquello que vemos que es falso, pero también –y esto es lo esencial– de aquello que podamos plantear alguna duda, incluso en el caso de que no podamos mostrar que es falso; si nos cabe alguna duda, nos dice Descartes, podemos considerarlo como si realmente fuese falso.
4. Es una consecuencia de la primera regla del método: debo admitir como verdadero sólo aquello que se presente ante mi mente con absoluta claridad y distinción y por lo tanto con evidencia. En este sentido, es una de las máximas expresiones de racionalismo: sólo podemos admitir como ciertas aquellas creencias que han sido revisadas y evaluadas por nuestra propia razón, y no por instancias ajenas a ella (la tradición, la autoridad, el prejuicio, ...).
5. Tiene una vigencia en el tiempo: Descartes la utiliza como un recurso para llegar a proposiciones evidentes, a conocimiento verdadero. En cierto modo lo que hace Descartes se parece a una historia: tiene un comienzo, una serie de fases o etapas y un final, y lo que vale al principio no vale en el medio ni al final: en un momento de la duda Descartes considera que tal vez estemos dormidos cuando sin embargo nos parece estar despiertos, y en otro duda incluso de la matemática; si no somos cuidadosos podríamos decir que, según Descartes, es imposible separar la vigilia del sueño o que nunca podremos estar absolutamente seguros de la matemática, cuando esto no es así. Duda de la vigilia y de las matemáticas sólo en los momentos precisos del ejercicio de la duda metódica en donde los cuestiona, pero tras el descubrimiento de un primer principio (el cogito) y la demostración de la existencia de Dios y de su bondad, podrá revisar sus afirmaciones anteriores y superar la duda. Por ello, si nos preguntan sobre las creencias de Descartes relativas a esta cuestión deberíamos decir más bien que, por ejemplo, dudó de la matemática en un momento determinado pero que al final consideró que es uno de los saberes más excelentes que nos cabe obtener.
6. La duda propiamente no descubre verdades nuevas, verdades en las que no creyese al principio, antes de usar la duda metódica; antes de la duda creía en la veracidad de la matemática, de los sentidos, creía en la existencia de Dios, en la existencia del alma y de su inmortalidad; después de la duda cree también en estas proposiciones. ¿Qué ha ganado? Ha ganado evidencia. Antes creía en esos temas sin tener propiamente conocimiento: en algunos casos por mera inclinación natural –los sentidos–, en otros por la tradición –las verdades religiosas–, en otros porque se lo mostraba su razón, aunque no radicalmente –como en matemáticas–. Ahora cree en lo mismo pero con conocimiento absolutamente fundado, con conocimiento consecuencia del ejercicio pleno de su razón. De todas formas, es preciso recordar también que sí hay algunas creencias que quedan modificadas: la no distinción clara entre alma y cuerpo, y las creencias relativas a ciertas cualidades sensibles: antes del ejercicio de la duda creía que las cosas tenían color, sabor, tamaño, movimiento. Ahora cree que alguna de estas propiedades existe realmente en los cuerpos –las llamadas cualidades primarias– mientras que otras no, pues son en cierto modo subjetivas –las llamadas cualidades secundarias–.
7. Es teorética, no práctica: pone en cuestión los conocimientos y tiene como objetivo encontrar un conocimiento firme, pero no debe extenderse a la vida práctica, a la conducta. En la vida práctica es inevitable seguir opiniones que son solamente probables.
8. No se aplica a todas las creencias tomadas de una en una: dado que en nuestra mente tenemos miles (o millones) de creencias y que nunca podríamos terminar de revisar todas, la duda se debe aplicar a los fundamentos de las creencias más que a las creencias mismas. Como encuentra que todo lo que conocemos lo conocemos por los sentidos o por la razón, considera necesario examinar la legitimidad de ambos métodos de conocimiento. Si encontrásemos dudas razonables en cuanto a su legitimidad, todas las creencias fundamentadas en ellos quedarían en cuestión.

      Pasos fundamentales de la duda metódica tal y como aparece en las “Meditaciones Metafísicas”:

1. Primer momento (la duda propiamente dicha): “pérdida del mundo”
a) duda de los sentidos:
· los sentidos nos han engañado en muchas ocasiones: pone en cuestión sólo actos concretos de percepción, aquellos que no se dan en condiciones favorables;
· el sueño es indistinguible de la vigilia: pone en cuestión la totalidad de actos de percepción;
b) duda de la razón:
· a veces nos equivocamos al razonar: pone en cuestión sólo actos concretos de razonamiento, aquellos que se hacen con precipitación y descansan en la deducción;
· Dios nos ha podido hacer de tal modo que nos engañemos siempre (hipótesis del genio maligno): pone en cuestión la totalidad del ejercicio de la razón, incluida la intuición de las verdades matemáticas;
c) conclusión de la duda: podemos dudar de los sentidos y de la razón, podemos dudar de la existencia de los cuerpos –incluido el propio– , de las otras personas y sus mentes, de las verdades de la experiencia ordinaria y del sentido común, podemos dudar de las ciencias –incluida las matemáticas–.

2.  Segundo momento: descubrimiento del cogito.
a)  la proposición “pienso, luego existo” no puede dudarse en absoluto;
b)  podemos aceptar que existimos, y que existimos como seres o cosas pensantes.

3. Tercer momento: “recuperación del mundo”.

a)     primera parte: demostración de la existencia de Dios.
· tampoco son dudables nuestras ideas;
· observación y clasificación de los tipos de ideas;
· demostración de la existencia de Dios mediante dos pruebas:
o   la idea de un ser perfecto;
o   la imperfección y dependencia de mi ser;

b)    segunda parte: demostración de la legitimidad y objetividad de nuestras facultades cognoscitivas:
· afirmación de la bondad de Dios;
· dado que Dios existe, nos ha creado y es bueno, podemos confiar en  nuestros sentidos y nuestra razón,  particularmente en todo aquello que se presente con claridad y distinción a nuestra mente;
· rechazo de los anteriores motivos de duda, en particular de la hipótesis del genio maligno y de la indistinción entre sueño y vigilia.

4. Conclusión general: existe mi cuerpo, mi alma –y ambos como cosas distintas–, los cuerpos físicos (animales, vegetales, ...), existen las otras personas, existe Dios. Descubrimiento de una verdad absolutamente incuestionable, “pienso, luego existo”, y de un criterio de verdad objetivo, la claridad y la distinción.       


Edición en papel:
Historia de la Filosofía. Volumen 2: Filosofía Medieval y Moderna. 
Javier Echegoyen Olleta. Editorial Edinumen.

lunes, 4 de septiembre de 2017

Renatus Cartesius

RESUMEN DE LOS ASPECTOS MÁS IMPORTANTES DEL PENSAMIENTO DE RENÉ DESCARTES

1. BIOGRAFÍA Y ÉPOCA

René Descartes (1596-1650) nació en Francia y estudió filosofía, medicina y derecho.
Vivió en una época importante en varios aspectos:
  • En el campo político, el siglo XVII fue una época de absolutismo político, con Europa liderada por Francia, Inglaterra y España de manos de la burguesía.
  • En el campo científico, la ciencia ésta estaba naciendo (Bacon, Galileo) con un nuevo método científico basado en las matemáticas como lenguaje del mundo, gracias a la recuperación de los textos de Platón desaparecidos hacía 15 siglos. Como aportación importante, Descartes inventa los ejes cartesianos.
En el campo filosófico, se dieron 2 movimientos:
  • Racionalismo [Descartes,Spinoza,Leibniz]: La razón es capaz de producir conocimientos innatos por sí sola, no procedentes de la experiencia. Se basa en el método deductivo.
  • Empirismo [Locke,Hume]: Los conocimientos provienen de la experiencia, la razón no produce nada. Se basa en el método inductivo.

2. OBRA

La obra de Descartes se caracteriza porque su pensamiento no cambia, sólo lo depura cada vez más. Destacan el “Tratado del mundo”, el “Tratado del hombre”, y sobre todo, las “Meditaciones metafísicas”, en cuyo prólogo publicó el “El Discurso del método”.

3. PENSAMIENTO

3.1. METAFÍSICA

Ante la falta de fundamento científico del momento, Descartes comienza su pensamiento planteándose el proyecto de unificar las ciencias en lo que él representa como un árbol jerarquizado, cuyas raíces firmes y seguras serían la metafísica (filosofía), el tronco la física, y la extensión de las ramas el resto de ciencias.
Coincide por tanto con el objetivo del Círculo de Viena, aunque estos autores preferirán la física como camino principal.

3.2. MÉTODO DE LA DUDA

Para construir ese árbol imaginario, comienza buscando en la metafísica un punto de apoyo firme y seguro, una verdad absoluta en la que pueda basarse para continuar ascendiendo. Para ello, idea un método que le sirva de guía: el método de la duda o de la evidencia. Consta de 4 reglas:
  1. R. de la Evidencia: Aceptar como verdadero solamente lo evidente (intuitivo). Todo lo evidente ha de poseer 2 características: Claridad y Distinción.
  2. R. del Análisis: Dividir los problemas en partes simples, no abordarlos de forma compleja.
  3. R. de la Síntesis: Una vez analizadas las partes sencillas, recomponer el problema complejo y confirmar o no su validez.
  4. R. de la Enumeración: Revisar (enumerar) todos nuestros pasos para asegurarnos de que no nos hemos equivocado.

3.3. PROCESO DE LA DUDA

Ya que mantiene como máxima sospechar sobre todo considerándolo falso en un primer momento, en su camino hacia una verdad absoluta atraviesa 3 etapas conocidas como el “proceso de la duda”:
  1. Duda de los sentidos: Pone en duda la información que nos ofrecen los sentidos, las cualidades de los objetos (ya que son las que vemos que varían), no su existencia.
  2. Duda de los objetos físicos: Pasa a dudar también de la existencia de los cuerpos (incluido el nuestro), basándose en la hipótesis del sueño ya enunciada por Calderón de la Barca en “La vida es sueño”: puede que la vida sea un sueño tan sueño como los que tenemos y creemos ciertos mientras en ellos estamos, pero de cuya falsedad no somos conscientes hasta despertar.
  3. Duda de la razón: Finalmente duda también de nuestra capacidad racional, exponiendo la hipótesis del Genio maligno o Dios engañador: podría existir un ser todopoderoso que nos engañara y se riera de nosotros al ver cómo creemos estar en lo cierto, a la vez que nos impide razonar correctamente.
Tras atravesar estas etapas, encuentra una verdad indudable con la que ni el supuesto genio maligno podría estar engañándole: que él es porque piensa [“pienso, luego soy”]. Esta verdad evidente (no deducida) no es refutable ante la posible existencia de un genio maligno, puesto que éste solo podría impedirle que cuanto piensa sea verdadero, pero no que piense (y por lo tanto, sea):
A partir de ahora el fundamento del hombre deja de ser Dios para pasar a serlo el hombre (fundamento humano), por lo que acaban las teologías en la ciencia (comienza a morir Dios) y cobran importancia las ciencias humanísticas.

3.4. EXISTENCIA DE DIOS

El problema que encuentra Descartes es que si existiera un Dios maligno, ya no podríamos seguir razonando más allá de esta primera verdad recién descubierta (“yo pienso”), ya que todo lo que pensáramos podría ser falso. Por lo tanto, ante la necesidad de poder fiarse de su razón, trata de demostrar la existencia de un Dios Bueno como garantía mediante 3 argumentos basados en la idea innata de perfección (divide las ideas en adventicias [parecen provenir del exterior], facticias [provienen de la imaginación] e innatas [son creadas espontáneamente por la razón]):
  • Argumento Gnoseológico: (de San Agustín) Nosotros somos imperfectos porque dudamos, pero tenemos la idea de perfección. Por lo tanto, ha tenido que ser puesta en nosotros por un ser sumamente perfecto (para que haya relación causa-efecto): Dios.
  • Argumento de la Causalidad: (de Tomás de Aquino) Nosotros somos contingentes e imperfectos, ya que tenemos la causa de nuestra existencia en otros de quienes dependemos. Por lo tanto, tiene que haber un primer ser necesario que no dependa de otro, que sea causa de sí mismo para comenzar la cadena: Dios.
  • Argumento Ontológico: (de San Anselmo) La esencia de Dios implica su existencia, ya que el concepto “Dios” implica perfección, y entre las características de la perfección se encuentra la existencia.
Una vez demostrada la existencia de un Dios, le queda demostrar su bondad. Para ello equipara la verdad a la perfección, y la mentira a la imperfección: como Dios es perfecto, tiene que decir la verdad, por lo que es Bueno.
Esto le permite rehacer el camino recorrido en el proceso de la duda, ya que tras demostrar la existencia de un Dios bueno, puede fiarse de su razón, al igual que puede fiarse de los objetos físicos, e incluso de algunas cualidades de éstos. Al igual que Galileo, distingue 2 tipos:
  • Cualidades Primarias: Requieren 2 sentidos o más. Podemos fiarnos de ellas porque un sentido puede corregir al otro si la información que aporta es falsa.
  • Cualidades Secundarias: Sólo requieren 1 sentido. Por lo tanto no podemos fiarnos de ellas.
Y finalmente, afirma que el mundo está compuesto por 3 sustancias, a cada una de las cuales asigna un atributo: a Dios, la Infinitud, ya que no tiene ningún límite; al Alma, el Pensamiento, ya que no deja de producir ideas; y al Cuerpo, la Extensión, ya que es tridimensional y ocupa un volumen.

3.5. FÍSICA

Influenciado por Galileo, Descartes cree que en el mundo material sólo importan 2 cosas: de qué materia está compuesto el universo (materia indefinida), y el movimiento que le ha sido asignado (enuncia 3 leyes casi enunciadas previamente por Galileo).
Pero lo más destacable de su obra física es su concepción mecanicista del mundo: trata al Universo como una gran máquina, formada por materia compacta que lo ocupa todo (lo que llamamos vacío es en realidad éter) y que forma torbellinos que pegan unos con otros. A su vez, dice que los cometas no son más que trozos de materia que han salido despedidos de un torbellino debido a la fuerza centrífuga y que son absorbidos por otro. Por último, afirma que los cuerpos son artefactos, entre los que distingue: los animales [sin sentimientos ni libertad] y los humanos [con sentimientos y libres].

3.6. ANTROPOLOGÍA

Como partidario del dualismo, Descartes separa al hombre en 2 partes (cuerpo y alma) heterogéneas. Al cuerpo le atribuye todas las características explicadas en su concepción mecanicista de la física, y al alma le asigna 2 facultades:
  • Entendimiento: capacidad para comprender.
  • Voluntad: capacidad moral para querer una cosa más que otra.
Esta última es la que le diferencia del resto de los animales, ya que es libre (puede elegir) y se le pueden pedir responsabilidades. Caracteriza a esta moral que poseemos como privada y conservadora, y enuncia 4 mínimos éticosque nos ayuden a elegir correctamente a la hora de tomar decisiones:
  1. Acatar las leyes y costumbres vigentes y seguir las opiniones más moderadas.
  2. Ser firme y decidido al actuar.
  3. No desear nada que no se pueda alcanzar.
  4. Intentar cultivar la razón
De esta separación entre cuerpo y alma, le surge el problema de comunicación de las sustancias: de las 3 sustancias que hay (Dios, cuerpo, alma), el ser humano tiene cuerpo y alma. Pero, ¿cómo pueden comunicarse dos partes consideradas independientes pero aparentemente juntas? A este problema intentan responder Descartes y otros 2 autores: Malebranche y Leibniz:
  • Descartes: Apela a la ignorancia, ya que le atribuye esta función comunicadora a la glándula pineal del cuerpo, cuya verdadera función se desconocía entonces en el campo de la medicina.
  • Malebranche: Apela a la intervención divina (teoría ocasionalista), alegando que Dios es el conector que mueve nuestro cuerpo cuando nosotros pensamos en hacerlo.
  • Leibniz: Apela a la heterogeneidad (teoría de la armonía preestablecida), atribuyéndole a Dios la función de “relojero” que ha sincronizado nuestro alma y nuestro cuerpo para que coincidan nuestros deseos de movimiento con los efectuados por el cuerpo. Esto no resta libertad al hombre, puesto que no implica un destino escrito, sino un Dios que nos conoce tan bien que predice lo que vamos a querer hacer.