La ocupación con la historia no es una simple curiosidad. Lo
sería si la historia fuera una simple ciencia del pasado.
Pero: 1° La historia no es una simple ciencia.
2º No se ocupa del pasado en cuanto ya no existe.
No es una simple ciencia, sino que existe una realidad histórica. La historicidad es, en efecto, una dimensión de este ente
real que se llama hombre.
Y esta su historicidad no proviene exclusiva ni primariamente
de que el pasado avanza hacia un presente y lo empuja hacia
el porvenir. Es esta una interpretación positivista de la historia,
absolutamente insuficiente. Supone, en efecto, que el presente
es solo algo que pasa, y que el pasar es no ser lo que una vez
fue. La verdad, por el contrario, consiste más bien en que una
realidad actual —por tanto, presente—, el hombre, se halla constituida
parcialmente por una posesión de sí misma, en forma
tal, que al entrar en sí se encuentra siendo lo que es, porque
tuvo un pasado y se está realizando desde un futuro. El «presente»
es esa maravillosa unidad de estos tres momentos, cuyo
despliegue sucesivo constituye la trayectoria histórica: el punto
en que el hombre, ser temporal, se hace paradójicamente tangente
a la eternidad. Su íntima temporalidad abre precisamente
su mirada sobre la eternidad. La definición clásica de la eternidad
envuelve, en efecto, desde Boecio, además de la interminabilis
vitae, de una vida interminable, la total simul et perfecta
possessio. Recíprocamente, la realidad del hombre presente está
constituida, entre otras cosas, por ese concreto punto de tangencia
cuyo lugar geométrico se llama situación. Al entrar en
nosotros mismos nos descubrimos en una situación que nos pertenece
constitutivamente y en la cual se halla inscrito nuestro
peculiar destino, elegido unas veces, impuesto otras. Y aunque
la situación no predetermina forzosamente ni el contenido de
nuestra vida ni de sus problemas, circunscribe evidentemente el
Prólogo a la primera edición xxv
ámbito de estos problemas y, sobre todo, limita las posibilidades
de su solución. Con lo cual la historia como ciencia es mucho
más una ciencia del presente que una ciencia del pasado.
Por lo que hace a la filosofía, es ello más verdad que lo que
pudiera serlo para cualquier otra ocupación intelectual, porque
el carácter del conocimiento filosófico hace de él algo constitutivamente
problemático. Ζητούμενη επιστήμη, el saber que se busca,
la llamaba casi siempre Aristóteles. Nada de extraño que a los
ojos profanos este problema tenga aires de discordia.
En el curso de la historia nos encontramos con tres conceptos
distintos de filosofía, que emergen en última instancia de tres
dimensiones del hombre:
1° La filosofía como un saber acerca de las cosas.
2° La filosofía como una dirección para el mundo y la vida.
3° La filosofía como una forma de vida y, por tanto, como
algo que acontece.
Fuente: Del prólogo de Xavier Zubiri a la "Historia de la Filosofía" de Julián Marías.
lunes, 24 de abril de 2017
Γνῶθι σεαυτόν.
Sócrates
(Atenas, 470 a.C. - id., 399 a.C) Filósofo griego.
Pese a que no dejó ninguna obra escrita y son escasas las ideas que pueden atribuírsele con seguridad, Sócrates es una figura capital del pensamiento antiguo, hasta el punto de ser llamados presocráticos los filósofos anteriores a él. Rompiendo con las orientaciones predominantes anteriores, su reflexión se centró en el ser humano, particularmente en la ética, y sus ideas pasaron a los dos grandes pilares sobre los que se asienta la historia de la filosofía occidental: Platón, que fue discípulo directo suyo, y Aristóteles, que lo fue a su vez de Platón.
Fuente: Biografías y Vidas.
lunes, 17 de abril de 2017
Aristóteles y el asombro.
ORIGEN DE LA FILOSOFÍA.—¿Por qué el hombre se pone a filosofar?
Contadas veces se ha planteado esta cuestión de un modo suficiente. Aristóteles la ha tocado de tal manera que ha influido decisivamente en todo el proceso ulterior de la filosofía. El comienzo
de su Metafísica es una respuesta a esa pregunta: Todos los hombres tienden por naturaleza a saber. La razón del deseo de conocer del hombre es, para Aristóteles, nada menos que su naturaleza. Y la naturaleza es la sustancia de una cosa, aquello en que realmente consiste; por tanto, el hombre aparece definido por el saber; es su esencia misma quien mueve al hombre a conocer. Y aquí volvemos a encontrar una más clara implicación entre saber y vida, cuyo sentido se irá haciendo más diáfano y transparente a lo largo de este libro. Pero Aristóteles dice algo más. Un poco más adelante escribe: Por el asombro comenzaron los hombres, ahora y en un principio, a filosofar, asombrándose
primero de las cosas extrañas que tenían más a mano, y luego, al avanzar así poco a poco, haciéndose cuestión de las cosas más graves tales como los movimientos de la Luna, del Sol y de los astros y la generación del todo. Tenemos, pues, como raíz más concreta del filosofar una actitud humana que es el asombro.
(pág, 24 . pdf)
lunes, 3 de abril de 2017
Sobre el acto humano y el acto del hombre.
Acto Voluntario es aquel que procede de un principio intrínseco con advertencia y
consentimiento.
El voluntario libre se clasifica en voluntario elícito y voluntario imperado, según se refiera a
actos directamente producidos por la misma voluntad o a actos producidos por otras potencias
pero bajo el influjo de la voluntad.
Lo opuesto al acto voluntario se denomina no voluntario o también involuntario.
El delito que resulta mezcla de voluntario y no voluntario, es, por lo mismo, imputable a su
autor pero con atenuantes, y sus causas pueden ser: la violencia, el miedo, las pasiones, etc.
El acto voluntario libre es el que se denomina “acto (plenamente) humano”, en oposición a
los “actos del hombre” (que solamente ocurren o acaecen en nosotros pero no son producidos
voluntariamente por nosotros).
En el análisis del acto voluntario se puede apreciar la intervención de las dos potencias o
facultades superiores del hombre y el ejercicio de la libertad. (Página 71).
Fuente: Quijano Guesalaga, H., Asselborn, E. (2012). Introducción a la Filosofía y Antropología Filosófica [en línea] Documento de cátedra del Departamento de Derecho de la Facultad Teresa de Ávila de la Universidad Católica Argentina. Disponible en: http://bibliotecadigital.uca.edu.ar/repositorio/contribuciones/abogacia-filosofia-antropologiafilosofica.pdf [Fecha de consulta: 2 de Abril de 2017.]
Los actos voluntarios
10. El hombre actúa de diversas formas según que pueda regir su acción o simplemente padecerla -como los seres infrahumanos-.
El hombre tiene actos tales como digerir los alimentos, bombear la sangre, u oxigenarla, soñar, dormir, reparar las células de su organismo, etc., los cuales son ajenos a su control voluntario, y por lo tanto son involuntarios. También es capaz de realizar actos voluntarios tales como comer pastel, decidirse a matar a una serpiente, querer dar a otro su derecho o atender a una explicación.
11. Todos estos ejemplos se refieren a actos imperados en los que la voluntad rige a otra facultad: rige al apetito concupiscible al comerse un pastel, al apetito irascible al decidirse a matar a un reptil, a la propia voluntad al determinarse a ser justo y al intelecto al querer atender a una explicación.
Por último, el hombre puede realizar actos puramente voluntarios como el amar la justicia, el odiar la rusticidad, el envidiar la elocuencia. Estos son actos voluntarios elícitos o producidos exclusivamente por la voluntad sin la intervención de otra facultad distinta a ella. En virtud de que la persona debe conducirse en cuanto tal, el hombre debe imperar todo lo que pueda imperar.
12. Así, las acciones de un hombre pueden ser involuntarias o voluntarias.
Acciones del hombre:
a) Involuntarias (o actos de hombre)
b) Voluntarias ( o actos humanos)
Los actos voluntarios están siempre sujetos a la moralidad.
13. El acto voluntario admite varias divisiones, en función, claro está, de diversos fundamentos. Respecto a la o las facultades que los produzcan, los actos voluntarios se dividen en Elícitos o Imperados.
Acto voluntario:
a) Elícito (exclusivo de la voluntad)
b) Imperado (proveniente de otra facultad pero regido por la voluntad)
Fuente: De Nociones básicas.
Fuente: Quijano Guesalaga, H., Asselborn, E. (2012). Introducción a la Filosofía y Antropología Filosófica [en línea] Documento de cátedra del Departamento de Derecho de la Facultad Teresa de Ávila de la Universidad Católica Argentina. Disponible en: http://bibliotecadigital.uca.edu.ar/repositorio/contribuciones/abogacia-filosofia-antropologiafilosofica.pdf [Fecha de consulta: 2 de Abril de 2017.]
Los actos voluntarios
10. El hombre actúa de diversas formas según que pueda regir su acción o simplemente padecerla -como los seres infrahumanos-.
El hombre tiene actos tales como digerir los alimentos, bombear la sangre, u oxigenarla, soñar, dormir, reparar las células de su organismo, etc., los cuales son ajenos a su control voluntario, y por lo tanto son involuntarios. También es capaz de realizar actos voluntarios tales como comer pastel, decidirse a matar a una serpiente, querer dar a otro su derecho o atender a una explicación.
11. Todos estos ejemplos se refieren a actos imperados en los que la voluntad rige a otra facultad: rige al apetito concupiscible al comerse un pastel, al apetito irascible al decidirse a matar a un reptil, a la propia voluntad al determinarse a ser justo y al intelecto al querer atender a una explicación.
Por último, el hombre puede realizar actos puramente voluntarios como el amar la justicia, el odiar la rusticidad, el envidiar la elocuencia. Estos son actos voluntarios elícitos o producidos exclusivamente por la voluntad sin la intervención de otra facultad distinta a ella. En virtud de que la persona debe conducirse en cuanto tal, el hombre debe imperar todo lo que pueda imperar.
12. Así, las acciones de un hombre pueden ser involuntarias o voluntarias.
Acciones del hombre:
a) Involuntarias (o actos de hombre)
b) Voluntarias ( o actos humanos)
Los actos voluntarios están siempre sujetos a la moralidad.
13. El acto voluntario admite varias divisiones, en función, claro está, de diversos fundamentos. Respecto a la o las facultades que los produzcan, los actos voluntarios se dividen en Elícitos o Imperados.
Acto voluntario:
a) Elícito (exclusivo de la voluntad)
b) Imperado (proveniente de otra facultad pero regido por la voluntad)
Fuente: De Nociones básicas.
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