En
la
medida en que las matemáticas ofrecen
tal puente que lleve de lo sensible a lo inteligible, se comprende la
importancia que Platón les concede como estudio propedeútico respecto de la “dialéctica”
o filosofía: sirven como preparación, para que el espíritu del estudiante se
vaya habituando a pensar abstractamente, sin ayuda de las cosas sensible; en la
República prescribe diez años de estudios matemáticos previos a quien haya
luego de dedicarse a la filosofía, y se cuenta que a la entrada de la Academia
había una inscripción que decía: “nadie entre aquí si no sabe matemáticas”.
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