lunes, 24 de abril de 2017

Historia de la Filosofía.

La ocupación con la historia no es una simple curiosidad. Lo sería si la historia fuera una simple ciencia del pasado.

Pero:   1° La historia no es una simple ciencia.
           2º No se ocupa del pasado en cuanto ya no existe.

No es una simple ciencia, sino que existe una realidad histórica. La historicidad es, en efecto, una dimensión de este ente real que se llama hombre.
Y esta su historicidad no proviene exclusiva ni primariamente de que el pasado avanza hacia un presente y lo empuja hacia el porvenir. Es esta una interpretación positivista de la historia, absolutamente insuficiente. Supone, en efecto, que el presente es solo algo que pasa, y que el pasar es no ser lo que una vez fue. La verdad, por el contrario, consiste más bien en que una realidad actual —por tanto, presente—, el hombre, se halla constituida parcialmente por una posesión de sí misma, en forma tal, que al entrar en sí se encuentra siendo lo que es, porque tuvo un pasado y se está realizando desde un futuro. El «presente» es esa maravillosa unidad de estos tres momentos, cuyo despliegue sucesivo constituye la trayectoria histórica: el punto en que el hombre, ser temporal, se hace paradójicamente tangente a la eternidad. Su íntima temporalidad abre precisamente su mirada sobre la eternidad. La definición clásica de la eternidad envuelve, en efecto, desde Boecio, además de la interminabilis vitae, de una vida interminable, la total simul et perfecta possessio. Recíprocamente, la realidad del hombre presente está constituida, entre otras cosas, por ese concreto punto de tangencia cuyo lugar geométrico se llama situación. Al entrar en nosotros mismos nos descubrimos en una situación que nos pertenece constitutivamente y en la cual se halla inscrito nuestro peculiar destino, elegido unas veces, impuesto otras. Y aunque la situación no predetermina forzosamente ni el contenido de nuestra vida ni de sus problemas, circunscribe evidentemente el Prólogo a la primera edición xxv ámbito de estos problemas y, sobre todo, limita las posibilidades de su solución. Con lo cual la historia como ciencia es mucho más una ciencia del presente que una ciencia del pasado.

Por lo que hace a la filosofía, es ello más verdad que lo que pudiera serlo para cualquier otra ocupación intelectual, porque el carácter del conocimiento filosófico hace de él algo constitutivamente problemático. Ζητούμενη επιστήμη, el saber que se busca, la llamaba casi siempre Aristóteles. Nada de extraño que a los ojos profanos este problema tenga aires de discordia. En el curso de la historia nos encontramos con tres conceptos distintos de filosofía, que emergen en última instancia de tres dimensiones del hombre:
1° La filosofía como un saber acerca de las cosas.
2° La filosofía como una dirección para el mundo y la vida.
3° La filosofía como una forma de vida y, por tanto, como algo que acontece.

Fuente: Del prólogo de Xavier Zubiri a la "Historia de la Filosofía" de Julián Marías.

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